Cada vez que voy como invitada a un estudio de televisión o de streaming, cuando asisto a una marcha o me cruzo en el colectivo con alguien que me conoce por lo que hago en internet, la conversación suele empezar con: “Yo te puteé en Twitter”.
Los mensajes privados que recibo por redes sociales, en general, arrancan con un disclaimer que se repite: «No estoy de acuerdo con todo lo que pensás», «No voto como vos» o «No me interesa la política» pero… Hay algo de lo que dice la loca de Juana Politizada que hace ruido. Que suena familiar. Que nos hace creer que la realidad no es la cámara de eco que consumimos todos los días en soledad.
La métrica alimenta a la métrica: desnutrición informativa
Estoy cansada de denunciar, por todos los medios que tengo a disposición, que la manera en la que funciona el ecosistema informativo hoy atenta contra cualquier enfoque de derechos humanos.
La falta de soberanía cognitiva de los sujetos, frente a un paradigma de acceso a la información a criterio de la opinión pública boba cuantificada en interacciones y tiempo de retención, es un asunto de Estado. La alfabetización digital (o su ausencia), para un uso crítico de las tecnologías, es un asunto de Estado. No por capricho mío, muy a mi pesar, sino porque si tenés a más del 80% de tu población con un teléfono en mano, informándose principalmente por ese dispositivo… Bueno.
El único grupo que está identificándolo como problema es el tándem Fundar – Corta – Ofelia Fernández (¿Ella sería equivalente al PJ porteño? ¿A los intelectuales de Gelatina? ¿O es una influencer silvestre como yo? Corríjanme, que en la última campaña electoral no la vi por ningún lado…). Y, sin embargo, el abordaje que hicieron sobre las redes sociales en el ensayo Cómo ser feliz fue precario, con un enfoque determinista y más propagandístico en términos electorales que político en su sentido transformador. Ya lo he descrito a detalle, pero básicamente es un producto cuyo problema estructural es que no llamaron a ningún comunicador social argentino, ni psicólogo, para producirlo. Nenes neoliberales enemistados con el pensamiento científico nacional. Nada nuevo bajo el sol. Y después se quejan de los libertarios…
Dicho en fácil: los medios de comunicación tradicionales (que ahora, no por nada, dependen cada vez más de los influencers para mantener sus modelos de negocio), los streamings y los formadores de opinión con más impacto arman agenda a partir de contenidos virales. Jerarquizan los temas de discusión, incluso editorializan, tomando la conversación digital como punto de partida. La métrica alimenta a la métrica.
Cuando todos hablan sobre lo mismo, nadie está diciendo nada. De hecho, en esta línea de pensamiento, lo más contrahegemónico que tenemos hoy no es Cenital, ni Futurock, mucho menos C5N o esos canales under que oscilan entre ser peronistas y zurdos cancheros. Es Luzu TV. El canal de Occhiato crea su agenda mediática charlando de coger y, básicamente, de lo que se les canta el orto a ellos en diálogo con su audiencia. Desde aquí, mi apoyo y reconocimiento a la osadía de desentenderse de la actualidad para producir su propio lenguaje nacional.
Suban la vara de la discusión
Antes de ser una militante política peronista y feminista, antes de ser licenciada en Ciencias de la Comunicación por la Universidad de Buenos Aires, yo soy una mujer argentina de 29 años.
Inventé a Juana Politizada como un espacio para visibilizar la importancia de volver a poner el Estado en el centro. En principio, porque sabía que me quedaba sin trabajo si ganaba Milei. Fue mi respuesta al miedo. Dios opera de formas misteriosas: terminé renunciando yo al Ministerio de Capital Humano, pasé por espacios increíbles y hoy estoy en la lucha por hacer un modelo de negocio a partir de mi pasión por discutir cómo vivir mejor. Me está costando mucho, recuerden que soy kuka.
Como nativa digital, con la experiencia de haber tenido una computadora con Windows 98 a los dos años, de comerme el verso de que si sabía usar el paquete Office y hablar en inglés iba a ganar bien, de conocer a mi primer novio por Twitter, de entrar a la militancia feminista por una convocatoria en un grupo de Facebook, de cursar las últimas materias de mi carrera en pandemia, de hacer home office y hoy estar viviendo por el contenido informativo que hago en internet… Creo que lo que está en juego a futuro ya no es qué partido político se queda con la caja pública. La política dejó de representar porque, en principio, a mi generación ni siquiera la interpeló.
Estamos en un momento bisagra en la historia en el que el Estado de Derecho se está convirtiendo en una anécdota por la fuerza cultural de la digitalidad. Elon Musk y Mark Zuckerberg tienen más dominio sobre nuestra ciudadanía que cualquier legislación producida por el Congreso Nacional. Un viral ejerce la misma institucionalidad que cualquier tratado consensuado por métodos socialmente convalidados hace cientos de años.
Por eso, ahora que son gobierno, los libertarios oficialistas denuncian las fake news. Resulta ser que no les gustan cuando les juegan en contra. Nunca entendieron que el problema era sistémico por la hegemonía de las redes sociales, no del partido de turno. Pero yo, personalmente, no espero nada de ellos. Por eso no los voto. Luego, me preocupa ver que mi fuerza política tampoco está presentando resistencia a la altura. Piensan que ganan elecciones con cerco mediático y perfo de intelectualidad vacía de contenido transformador: buena suerte con eso. Si hay algo que sé, entre tanta infoxicación, es que los argentinos no son tontos.
Por una Argentina más linda
Como dije en TN, como digo en todos mis espacios de comunicación: es la década tarada.

A la dirigencia, en su conjunto, o a cualquier asesor o policy-maker canchero al que le pueda llegar esto: por favor, dejen de informarse con redes sociales y vuelvan a hacer política. No importa el partido.
Busquen consensos más amplios. Si no lo hacen ustedes, córranse y dejen hacer política a los que no nos alcanza con una Argentina que garantice una subsistencia mínima. Encima, a cambio, te exigen agachar la cabeza y ofrecer obediencia y silencio. Financiando mercenarios terminan fortaleciendo al enemigo: véanse los casos de Marcela Pagano, Roberto Navarro y Viviana Canosa.
Me toca hablar en plural porque estoy convencida de que, como generación, queremos vivir en un país mejor. Al menos, así lo veo cada miércoles en TMAP.
Queremos sentir todos los días el mismo orgullo que solamente podemos experimentar cada cuatro años cuando vemos jugar a la Selección. Argentina potencia no es un sueño o una postura enunciativa: somos un montón los que estamos dispuestos a ponernos al servicio de construirla.

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