Cómo las creencias gobiernan nuestras conductas

Fe, ideología, rituales y algoritmos en la construcción de la realidad

Vivimos en una época que se piensa a sí misma como racional, científica y objetiva. Sin embargo, basta mirar cualquier discusión pública —desde la política hasta TikTok, desde la astrología hasta el mercado financiero— para notar algo incómodo a la mirada laica: las personas siguen organizando su vida alrededor de sistemas de creencias.

La pregunta ya no es si creemos o no creemos. La verdadera pregunta es: ¿En qué creemos y qué efectos políticos tienen esas creencias?

En nuestra mesa de TMAP sobre política, esoterismo, religión y opinión pública, aparecieron distintas definiciones que, aunque provenientes de tradiciones distintas —la ciencia política, la psicología, el esoterismo, la comunicación y la teoría social— convergían en un mismo punto: las creencias no son un accesorio de la vida social. Son su estructura.

¿Qué es una creencia?

Uno de los consensos más interesantes de la charla fue que la creencia no puede reducirse a “pensar algo sin evidencia”.

Para Alan Ojeda, investigador de Letras y tradiciones esotéricas, las creencias forman parte de sistemas históricos de comprensión del mundo. La ciencia moderna sería apenas una de las formas posibles de organizar nuestra relación con la realidad.

Desde esa mirada, incluso las sociedades más racionalistas funcionan mediante rituales, símbolos y narrativas compartidas. El problema no sería creer, sino fingir que ciertas creencias son neutrales mientras otras son “irracionales”.

Raffo, desde la ciencia política, definió las creencias como estructuras que organizan la acción y producen consecuencias sociales concretas. En esta línea más althusseriana, no importa solamente si algo es “verdadero” o “falso”: importa qué hace ese sistema de ideas sobre las personas, cómo produce cohesión, identidad o movilización política.

Incluso la economía aparece como ejemplo posible. La idea de que “el mercado se autorregula” también funciona como una creencia: una narrativa que ordena conductas y expectativas.

Ideología: el sistema invisible que organiza el mundo

La conversación mostró algo clave: la ideología no aparece solamente en los partidos políticos.

Podríamos definir a la ideología como el marco desde el cual interpretamos la realidad. Es una estructura afectiva, moral y cultural que define qué nos parece lógico, deseable o intolerable.

Por eso las creencias políticas no funcionan únicamente mediante argumentos racionales. También operan a través de símbolos, rituales y emociones.

Raffo planteó que los sistemas de creencias generan cohesión grupal, sentido de pertenencia y acción colectiva. Ahí la política se acerca muchísimo a la religión: ambas necesitan comunidad, mitos y promesas de trascendencia.

¿Y si la política contemporánea perdió capacidad de interpelación, justamente, cuando dejó de hablar de sentido, espiritualidad y trascendencia colectiva?

La fe no siempre organiza: a veces desordena

Uno de los aportes más interesantes vino desde el análisis del esoterismo y la experiencia mística.

Alan sostuvo que las religiones nacen, en gran parte, de experiencias de revelación o de contacto con lo trascendente. Luego esas experiencias son interpretadas, codificadas y ritualizadas culturalmente.

Pero ahí aparece una distinción importante: la fe no sería solamente una herramienta para “calmar la ansiedad”. A veces hace exactamente lo contrario.

Mientras ciertos rituales organizan la vida cotidiana y reducen incertidumbre, algunas experiencias espirituales o iniciáticas producen una ruptura profunda en la percepción del mundo.

La fe, entonces, no sería solamente refugio emocional. También puede ser una reorganización radical de la subjetividad.

Esoterismo: el lenguaje interno de una comunidad

Lejos de entenderlo simplemente como “magia” o “pseudociencia”, Alan propuso pensar lo esotérico como un lenguaje interno compartido por una comunidad.

Toda religión tendría una dimensión exotérica (la parte pública y visible) y una dimensión esotérica (los significados internos que sólo comprende quien participa profundamente del rito).

Incluso las relaciones humanas funcionan así:

  • las parejas tienen códigos internos
  • las amistades tienen referencias compartidas
  • las familias construyen símbolos propios

El esoterismo aparece entonces como una tecnología de construcción identitaria. Y ahí la política vuelve a entrar en escena… Porque los movimientos políticos también crean:

  • símbolos
  • liturgias
  • enemigos
  • relatos épicos
  • rituales colectivos

La política moderna no eliminó lo religioso. Muchas veces simplemente lo reemplazó.

Opinión pública: emociones, frustración y deseo

Cuando la charla pasó a la opinión pública, apareció una idea central: las personas no votan únicamente desde la racionalidad.

Sebas explicó que la opinión pública está compuesta por creencias, emociones, preconceptos y expectativas.

Por eso las encuestas muchas veces fallan: porque intentan medir decisiones como si fueran puramente racionales, cuando gran parte del comportamiento político está atravesado por afectos. En estudios cualitativos, por ejemplo, aparecía un deseo repetido:

“Quiero que explote todo”.

No necesariamente porque las personas estuvieran convencidas ideológicamente, sino porque ciertos liderazgos expresaban frustración, enojo o agotamiento emocional.

La política contemporánea no se entiende solamente leyendo programas económicos. También hay que leer deseos, angustias y símbolos.

Algoritmos y sistemas de creencias

La lógica algorítmica permite construir burbujas donde las personas reciben constantemente estímulos que refuerzan su visión del mundo.

El algoritmo no sólo muestra contenido:

  • reafirma identidades
  • fortalece emociones
  • radicaliza posiciones
  • organiza percepciones de realidad

Ahí las creencias dejan de ser solamente culturales o religiosas. También pasan a ser tecnológicas. La pregunta ya no es únicamente “qué creemos”, sino: ¿Quién diseña los sistemas que moldean aquello que creemos?

Toda creencia produce mundo

Quizás la conclusión más potente de la conversación fue esta: ninguna sociedad funciona sin creencias. La ciencia, la política, la religión, el mercado, las redes sociales, el progreso, la nación, la meritocracia, la espiritualidad… Todos son sistemas que organizan sentido.

Algunas creencias producen comunidad.

Otras producen obediencia.
Otras producen consumo.
Otras producen esperanza.

Pero ninguna es neutral.

Por eso hablar de creencias no se trata de burlarse de ellas ni romantizarlas. Implica entender que toda forma de organizar el mundo también organiza relaciones de poder. Porque, al fin y al cabo… Toda creencia es política.


Esta nota fue escrita por Chat GPT a partir de la desgrabación del programa del miércoles 20 de mayo de 2026. Quería dejar registro escrito de las ideas que se discutieron al aire, con la invitación a ver la charla completa en YouTube.

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